Esa noche dormimos con algo de frío. La casa estaba en medio de la nada y por las noches empezaba a refrescar. Yo me levanté con los pies fatal de las zapatillas que llevaba y decidimos que lo primero que debíamos hacer era ir a un centro comercial a comprar comida para el día y calzado adecuado.
El bolso de Jorge estaba más destrozado que mis pies así cogimos el coche después de desayunar y nos fuimos a buscar un centro comercial.
En Francia se hacen cosas raras, como plantar un espacio con todo tipo de comercios en medio de un campo... a nosotros nos vino bien.
En una especie de Decathlon encontré unas chanclas de cinco euros que me compré y que antes de salir de allí empezaron a rozarme. Fuimos a por comida y compramos cosas que nos parecieron francesas: latas de caballa a la mostaza, foua de pato (3 botes) y otras variaciones gastronómicas.
Nos llamó especialmente la atención por los jardines a lo Versalles y la decoración interior, todo muy recargado como a mí me gusta. Es un palacio privado y al uso de sus dueños. Me imaginé lo que supondría vivir en una casa tan grande y lo difícil que debía resultar calentarla o ir a por agua a media noche, cruzando pasillos larguísimos y salones entelados con cuadros de señoras antiguas: Muy bonito pero muy incomodo.
Después de verlo por dentro paseamos por los jardines. Empezaban a formarse nubes negras e intuimos que iba a llover pronto. Terminamos de ver aquel sitio tan chulo y nos montamos en el coche para visitar el siguiente.
Me hacía especial ilusión ver el castillo de Ussé, por que dicen que allí se inspiró el autor de la bella durmiente. Fuimos con lluvia todo el camino. Cuando llegamos allí seguía lloviendo así que tomamos un café en un bar cercano para ver si escampaba. Cuando pudimos acercarnos a la taquilla vimos que costaba 14€
entrar y me pareció excesivo. Jorge insistió en entrar pero entre todo lo que llevábamos visto y lo caro que me pareció al final decidimos verlo solo por fuera. Al final resulta que por dentro son todos similares, así que mejor visitar otro.
entrar y me pareció excesivo. Jorge insistió en entrar pero entre todo lo que llevábamos visto y lo caro que me pareció al final decidimos verlo solo por fuera. Al final resulta que por dentro son todos similares, así que mejor visitar otro.
Comimos en el coche un bocadillo de las delicias francesas del supermercado y bebimos un concentrado de naranja que Jorge había comprado y que estaba malísimo por que había que diluirlo en agua y lo estábamos bebiendo tal cual.
Cuando terminamos nos encaminamos hacia el castillo de Azay Le Rideau. Aun estaba lloviendo pero bastante menos. El precio era más asequible y nos pareció igual de interesante que el anterior. Por dentro apenas había nada, pero por fuera y los alrededores merecían la pena. No tardamos demasiado en verlo, nos estábamos acostumbrando a todas estas construcciones enormes, así que nuevamente cogimos el coche y nos fuimos a Chinon, un pueblo destacable por el ascensor que te baja al centro y un castillo medio en ruinas que decidimos no ver.
Angers, la ciudad escogida para pasar la noche estaba algo alejada, así que pensamos que debíamos ir para allá antes de que se hiciera más tarde.
Jorge había reservado en la misma ciudad una habitación en una casa, pero cuando llegamos allí todo parecía como cerrado desde hacia tiempo. Llamamos varias veces al timbre y rodeamos la casa, pero nadie nos abrió. Llamamos por teléfono pero nada.
Llevaba todo el viaje diciéndole a Jorge que aunque no supiera hablar ingles podía entenderme con cualquiera, así que decidió dejarme actuar por fin. Primero fuimos a uno donde un señor negro me apuntó en un papel que la noche costaba 69€; no me convenció demasiado y busqué otro más.
El Hotel Du Mail me pareció lo suficientemente rancio como para quedarnos allí, tenia fotos de una entrada muy bonita y unas habitaciones con mucha moqueta y mucho brocado, como a mi me gusta, además la señora que me atendió por teléfono no tenia ni idea de español ni de ingles pero era muy amable. Fuimos hacia allá, aparcamos el coche en el patio y el matrimonio que regenta el hotel salió a recibirnos. Eran super amables y se empeñaban en hablar con nosotros, aunque era muy complicado por que no nos entendíamos nada. Sonreían todo el rato y nos enseñaron una foto de los jugadores de Barça (¿?). Nos dijeron que dejar el coche dentro eran 6 € y le dije que mejor lo sacaba, entonces el señor nos contestó que en ese caso podíamos dejarlo gratis. Todo era muy divertido, al fin nos dieron la llave y subimos a la habitación que más fea y mas pequeña no podía ser.
Creo que nos debieron dar la peor de todo el hotel, pero era tarde para buscar otra o protestar y ya había poco que hacer, así que nos duchamos, comimos algo de la bolsa de comida que llevábamos a todas partes y nos echamos a dormir.
