Desayunamos bien en casa de la señora antigua que escribía cartas con pluma de ganso y como somos unos cutres y empezábamos a emparanoiarnos del gasto tan grande que estábamos teniendo, nos quedamos con el pan de las tostadas para más tarde hacernos unos bocadillos y comer.
Nos dirigimos hacia Bayoux, ciudad emblemática por la batalla de Normandia. Hacía un buen día, bastante soleado.
Bayoux es una ciudad pequeña pero bien cuidada y con una catedral que nos pareció mas bonita que ninguna otra. Comentamos como era posible que después de ver tantas cosas aun siguieran sorprendiéndonos estas construcciones.
Nos paramos en una cafetería que olía mucho a naranjas y tomamos un café con espuma de leche que estaba buenísimo. Definitivamente me tengo que plantear mi adicción al café...
Las playas de desembarco están a unos 20 kilómetros de Bayeaux y básicamente es un cementerio gigante, geométrico y muy verde. Leímos la historia del lugar, que aunque debíamos saberla porque es algo como muy de la EGB, apenas recordábamos nada.
Este lugar es un cementerio memorial que honra a los soldados estadounidenses muertos en la segunda Guerra mundial, esta justo encima de la playa de Omaha. Es enorme, según leímos cubre unas 70 hectáreas y la bandera americana ondea sobre todas ellas.
Lo cierto es que a mí los cementerios me gustan bastante, pero los que tiene algo artístico. Este no es nada artístico, es lineal y parece un jardín, pero el silencio y el respeto que se ve entre los que lo estábamos visitando me pareció sobrecogedor. Caminamos entre las tumbas leyendo algunas inscripciones y nos pusimos místicos hablando de como por un ideal político puede morir tanta gente. En fin , lo daba el lugar...
Cuando nos cansamos de ver cruces y lápidas, pensamos en partir hacia Caen. Como estábamos pobres, paramos a comer en un merendero muy bonito pero que estaba junto a la autovía. Sacamos las latas de pescado que aun nos quedaban y el pan de la señora antigua y nos comimos un enorme bocadillo sentados en un banco de madera. El resto de la tarde estuvimos oliendo a sardina en aceite.
En Caen aparcamos cerca de la plaza principal. Lo primero que vimos fue un edificio muy grande y lleno de banderas. Nuevamente intenté colarme y la verdad es que no sé si lo conseguí. Primero atravesé una puerta de cristal y luego otra haciéndome la sueca, y al final vimos toda la abadía. Supuestamente había que pagar, pero a mí me hace ilusión pensar que al menos una vez he conseguido colarme en algún sitio, algo que siempre intento y nunca consigo.
Vimos la abadía, con poco interés y nos fuimos a tomar café. Aquí el café es un lujo caro, pero la adicción nos puede. Dimos vueltas por el pueblo que en general carece de interés y seguimos hasta Ruan.
El hotel lo teníamos reservado, así que dejamos las cosas y nos fuimos a dar una vuelta y en general nos encanto, aunque algunas construcciones modernas afean ligeramente el conjunto. Tiene un casco histórico muy bonito repleto de casitas de madera pintadas, un montón de bares donde apetece sentarse, terrazas carismas y restaurantes. Nos hicimos otras 500 fotos y sobre las 9 nos fuimos a cenar a un restaurante que nos había recomendado una amiga de Jorge.
El sitio era muy chulo y el dueño nos recibió amablemente por que era amigo de la amiga de Jorge.
Decidimos arriesgarnos con la carta y pedir algo típico o que nos recomendara el chef-dueño. Al final nos decantamos por oso buco, una morcilla extraña hecha con mollejas que nos pareció bastante buena junto con una ensalada de queso y piña. Todo buenísimo. Cada día me gusta mas comer, lo reconozco.
En la mesa de al lado había una pareja de feos super enamorados y no podíamos dejar de mirarlos. En un momento de descuido conseguimos fotografiarlos incluso.
Comimos tanto y tan bien que la camisa ya no me cerraba y a Jorge le entró la risa de verme tan gordo. En general entre tanto bocadillo y tanto bollo nos estábamos poniendo ceporretes los dos.
Pasamos, quizá, la mejor velada de las vacaciones.
Al acabar, Cristofer nos invitó a un par de copas en su bar, un sitio que por casualidad estaba muy cerca del hotel, así que fuimos para allá. El sitio era un poco cuadro pero había un par de cestas en la barra llenas de preservativos, así que aprovechamos para llenarnos los bolsillos, nos bebimos dos Gintonic y nos fuimos al hotel haciendo eses por la calle. Antes de llegar pasamos por delante de la catedral donde estaban proyectando un espectáculo de luces y música sobre la catedral que nos pareció una pasada.