Empezábamos a estar cansados de ver cosas, madrugar y pasar el día por la calle, así que cada vez nos quedábamos hasta más tarde en la cama.
Desayunamos en la habitación del hotel un brioche que compramos días atrás y que estaba extraplano de viajar por media Francia; pero nosotros no somos de tirar nada y menos comida.
Volvimos a la calle a ver los mismos lugares que habíamos visto el día anterior y la catedral por dentro y volvimos a sentarnos en una cafetería - pastelería que como todas en este pueblo parecía de cuento.
Todo estaba perfectamente colocado, como una casita de muñecas, y daban ganas de probar cada uno de los pasteles del mostrador.
Jorge pidió un café con nata y canela y yo uno normal.
Hacía algo de frió fuera, así que lo alargamos durante bastante tiempo y después nos fuimos a ver un lugar extraño que resultó ser un cementerio de la peste. Allí te cuentan datos tan guays como que en tiempos de la peste, esta enfermedad mato a dos terceras partes de la población de Roen. Todo era como negro o chamuscado. Un sitio raro, que aunque no estaba mal tampoco decía mucho. Realmente estábamos ya saturados de catedrales, pueblos y lugares extraños, así que tomamos la decisión de irnos a París con la tristeza de saber que esta era la ultima etapa del viaje.
De camino paramos a comprar comida en un pequeño pueblo y nos la tragamos sentados frente a un campo de fútbol. No disponíamos de demasiado tiempo por que a las 5 de la tarde había que devolver en el coche en el aeropuerto de Bouveaus, no obstante llegamos a la hora prevista y con tiempo suficiente para coger un autobús a París. Hay casi 80 km de distancia, así que aprovechamos para dormir un rato.
Cuando llegamos a París me di cuenta de lo que pesaba la bolsa de viaje que llevaba a la espalda y me prometí no viajar más con ella y comprar una maleta con ruedines como todo el mundo.
El Hotel Ibis que habíamos reservado estaba bastante bien, limpio y suficientemente espacioso.
Jorge fue a por algo de cena y yo me quede descansando en la habitación. Él es mas joven, así que...
Después de comer y descansar, como ya empezaba anochecer y no podíamos hacer demasiado turismo, pensamos en aprovechar que volvíamos a la civilización después de tanta ruralidad, y comenzamos a andar hacia el centro, buscando algún bar de ambiente que estuviera bien en el barrio de Marais.
Siempre que he ido a París me ha parecido una ciudad poco segura, peligrosa. Realmente no lo es más que Madrid, pero me parece más oscura, menos transitada y eso me da un poco de respeto.
Después de hacer un peregrinaje eterno pero interesante, conseguimos llegar al café Cox donde nos tomamos una cerveza enorme mientras observábamos el panorama del lugar. A Jorge no le gustan mucho los bares pero sé que estaba haciendo un pequeño esfuerzo por agradarme a mí. Me pareció aburrido y cuando acabamos la cerveza nos fuimos a tomar otra a un bar de osos que estaba a la vuelta de la esquina y que a mí me pareció como los bares de Torremolinos. Definitivamente, Jorge y yo allí no pintábamos nada así que iniciamos el peregrinaje de vuelta. Por el camino nos empezó a vacilar una borracha a la que no hicimos caso y no sé si por eso o por que no habíamos comida casi nada, a Jorge le entró hambre y se compro un bocadillo de pollo muy raro en un hindú. Yo no quise nada por que me emparanoie pensando que estaba muy gordo, así que le acompañé y nos fuimos tan ricamente a dormir al hotel.