miércoles, 31 de julio de 2013

Normandia

Desayunamos bien en casa de la señora antigua que escribía cartas con pluma de ganso y como somos unos cutres y empezábamos a emparanoiarnos del gasto tan grande que estábamos teniendo, nos quedamos con el pan de las tostadas para más tarde hacernos unos bocadillos y comer.
Nos dirigimos hacia Bayoux, ciudad emblemática por la batalla de Normandia. Hacía un buen día, bastante soleado.
Bayoux es una ciudad pequeña pero bien cuidada y con una catedral que nos pareció mas bonita que ninguna otra. Comentamos como era posible que después de ver tantas cosas aun siguieran sorprendiéndonos estas construcciones.
Nos paramos en una cafetería que olía mucho a naranjas y tomamos un café con espuma de leche que estaba buenísimo. Definitivamente me tengo que plantear mi adicción al café...
Las playas de desembarco están a unos 20 kilómetros de Bayeaux y básicamente es un cementerio gigante, geométrico y muy verde. Leímos la historia del lugar, que aunque debíamos saberla porque es algo como muy de la EGB, apenas recordábamos nada.
Este lugar es un cementerio memorial que honra a los soldados estadounidenses muertos en la segunda Guerra mundial, esta justo encima de la playa de Omaha. Es enorme, según leímos cubre unas 70 hectáreas y la bandera americana ondea sobre todas ellas.
Lo cierto es que a mí los cementerios me gustan bastante, pero los que tiene algo artístico. Este no es nada artístico, es lineal y parece un jardín, pero el silencio y el respeto que se ve entre los que lo estábamos visitando me pareció sobrecogedor. Caminamos entre las tumbas leyendo algunas inscripciones y nos pusimos místicos hablando de como por un ideal político puede morir tanta gente. En fin , lo daba el lugar...
Cuando nos cansamos de ver cruces y lápidas, pensamos en partir hacia Caen. Como estábamos pobres, paramos a comer en un merendero muy bonito pero que estaba junto a la autovía. Sacamos las latas de pescado que aun nos quedaban y el pan de la señora antigua y nos comimos un enorme bocadillo sentados en un banco de madera. El resto de la tarde estuvimos oliendo a sardina en aceite.
En Caen aparcamos cerca de la plaza principal. Lo primero que vimos fue un edificio muy grande y lleno de banderas. Nuevamente intenté colarme y la verdad es que no sé si lo conseguí. Primero atravesé una puerta de cristal y luego otra haciéndome la sueca, y al final vimos toda la abadía. Supuestamente había que pagar, pero a mí me hace ilusión pensar que al menos una vez he conseguido colarme en algún sitio, algo que siempre intento y nunca consigo.
Vimos la abadía, con poco interés y nos fuimos a tomar café. Aquí el café es un lujo caro, pero la adicción nos puede. Dimos vueltas por el pueblo que en general carece de interés y seguimos hasta Ruan.
El hotel  lo teníamos reservado, así que dejamos las cosas y nos fuimos a dar una vuelta y en general nos encanto, aunque algunas construcciones modernas afean ligeramente el conjunto. Tiene un casco histórico muy bonito repleto de casitas de madera pintadas, un montón de bares donde apetece sentarse, terrazas carismas y restaurantes. Nos hicimos otras 500 fotos y sobre las 9 nos fuimos a cenar a un restaurante que nos había recomendado una amiga de Jorge.
El sitio era muy chulo y el dueño nos recibió amablemente por que era amigo de la amiga de Jorge.
Decidimos arriesgarnos con la carta y pedir algo típico o que nos recomendara el chef-dueño. Al final nos decantamos por oso buco, una morcilla extraña hecha con mollejas que nos pareció bastante buena junto con una ensalada de queso y piña. Todo buenísimo. Cada día me gusta mas comer, lo reconozco.
En la mesa de al lado había una pareja de feos super enamorados y no podíamos dejar de mirarlos. En un momento de descuido conseguimos fotografiarlos incluso.
Comimos tanto y tan bien que la camisa ya no me cerraba y a Jorge le entró la risa de verme tan gordo. En general entre tanto bocadillo y tanto bollo nos estábamos poniendo ceporretes los dos.
Pasamos, quizá, la mejor velada de las vacaciones.
Al acabar, Cristofer nos invitó a un par de copas en su bar, un sitio que por casualidad estaba muy cerca del hotel, así que fuimos para allá. El sitio era un poco cuadro pero había un par de cestas en la barra llenas de preservativos, así que aprovechamos para llenarnos los bolsillos, nos bebimos dos Gintonic y nos fuimos al hotel haciendo eses por la calle. Antes de llegar pasamos por delante de la catedral donde estaban proyectando un espectáculo de luces y música sobre la catedral que nos pareció una pasada.

domingo, 28 de julio de 2013

de Normandía a París

Empezábamos a estar cansados de ver cosas, madrugar y pasar el día por la calle, así que cada vez nos quedábamos hasta más tarde en la cama.
Desayunamos en la habitación del hotel un brioche que compramos días atrás y que estaba extraplano de viajar por media Francia; pero nosotros no somos de tirar nada y menos comida.
Volvimos a la calle a ver los mismos lugares que habíamos visto el día anterior y la catedral por dentro y volvimos a sentarnos en una cafetería - pastelería que como todas en este pueblo parecía de cuento.
Todo estaba perfectamente colocado, como una casita de muñecas, y daban ganas de probar cada uno de los pasteles del mostrador.
Jorge pidió un café con nata y canela y yo uno normal.
Hacía algo de frió fuera, así que lo alargamos durante bastante tiempo y después nos fuimos a ver un lugar extraño que resultó ser un cementerio de la peste. Allí te cuentan datos tan guays como que en tiempos de la peste, esta enfermedad mato a dos terceras partes de la población de Roen. Todo era como negro o chamuscado. Un sitio raro, que aunque no estaba mal tampoco decía mucho. Realmente estábamos ya saturados de catedrales, pueblos y lugares extraños, así que tomamos la decisión de irnos a París con la tristeza de saber que esta era la ultima etapa del viaje.
De camino paramos a comprar comida en un pequeño pueblo y nos la tragamos sentados frente a un campo de fútbol. No disponíamos de demasiado tiempo por que a las 5 de la tarde había que devolver en el coche en el aeropuerto de Bouveaus, no obstante llegamos a la hora prevista y con tiempo suficiente para coger un autobús a París. Hay casi 80 km de distancia, así que aprovechamos para dormir un rato.
Cuando llegamos a París me di cuenta de lo que pesaba la bolsa de viaje que llevaba a la espalda y me prometí no viajar más con ella y comprar una maleta con ruedines como todo el mundo.
El Hotel Ibis que habíamos reservado estaba bastante bien, limpio y suficientemente espacioso.
Jorge fue a por algo de cena y yo me quede descansando en la habitación. Él es mas joven, así que...
Después de comer y descansar, como ya empezaba anochecer y no podíamos hacer demasiado turismo, pensamos en aprovechar que volvíamos a la civilización después de tanta ruralidad, y comenzamos a andar hacia el centro, buscando algún bar de ambiente que estuviera bien en el barrio de Marais.
Siempre que he ido a París me ha parecido una ciudad poco segura, peligrosa. Realmente no lo es más que Madrid, pero me parece más oscura, menos transitada y eso me da un poco de respeto.
Después de hacer un peregrinaje eterno pero interesante, conseguimos llegar al café Cox donde nos tomamos una cerveza enorme mientras observábamos el panorama del lugar. A Jorge no le gustan mucho los bares pero sé que estaba haciendo un pequeño esfuerzo por agradarme a mí. Me pareció aburrido y cuando acabamos la cerveza nos fuimos a tomar otra a un bar de osos que estaba a la vuelta de la esquina y que a mí me pareció como los bares de Torremolinos. Definitivamente, Jorge y yo allí no pintábamos nada así que iniciamos el peregrinaje de vuelta. Por el camino nos empezó a vacilar una borracha a la que no hicimos caso y no sé si por eso o por que no habíamos comida casi nada, a Jorge le entró hambre y se compro un bocadillo de pollo muy raro en un hindú. Yo no quise nada por que me emparanoie pensando que estaba muy gordo, así que le acompañé y nos fuimos tan ricamente a dormir al hotel.