lunes, 5 de agosto de 2013

Región deL Loira

PRIMER DÍA

Volar es algo que nunca me hace gracia, pienso en todas la películas que he visto de accidentes de avión, secuestros terroristas y demás caídas aéreas y acabo pensando que al final se estrellará en cualquier sitio lleno de nieve y terminaré comiéndome a la señora gorda del asiento de atrás .
Jorge intentó sin mucho éxito distraerme durante el despegue contándome algo que en realidad no escuché, pero le agradezco el intento, al menos no me fui fijando quien era más comestible de los pasajeros..
Salimos y llegamos a la hora prevista, con todo preparado, las maletas llenas de ropa, demasiado llenas diría yo, y con ganas de empezar a recorrer Francia.
Aterrizamos en un pequeño aeropuerto cercano a Paris, Beauvais. Solo se veían campos alrededor y una pista de aterrizaje tan corta que parecía que acabaríamos entre los trigos, pero el piloto consiguió (no se como) que saliéramos con vida de allí.
Odio volar.
Lo primero que hicimos nada más bajar de ese aparato horrible fue ir a recoger el coche de alquiler que habíamos reservado desde Madrid.
La oficina era una caseta metálica, y en el interior un señor delgado y con cara de amargado compartía mostrador con una gorda rubia despeinada y con aspecto de no tener muchas ganas de trabajar.
Entramos,  nos pide el carnet de conducir y la tarjeta de crédito, y al comprobar que el conductor era yo y el titular de la tarjeta era Jorge, nos indica que las leyes francesa marcaban que ambos debían coincidir, y que no podía entregarnos el coche.
Muy digno yo saqué mi tarjeta de débito  con la esperanza de solucionar el problema, aunque de fondos poca cosa, pero el señor amargado tras comprobar que no era de crédito nos volvió a decir que las de débito no eran validas. Yo sonreí a la gorda a ver si era más dócil pero comprobé que no, porque no me devolvió la sonrisa.
Mal empezamos.
Jorge discutió en ingles con el señor exigiéndole una solución, yo miré a uno y a otro sin saber que decían y sin dejar de sonreír a la señora gorda, pero el problema de la gente que tiene la cara de aquel hombre es que no están muy dispuestos a darla.
Tras varios minutos donde yo no me enteraba de nada (algún día aprenderé inglés) salimos de allí, con la fianza reembolsada pero sin coche, en un aeropuerto a 80 km de París y con nuestro primer alojamiento a casi 200 km de allí.
Tuvimos unos minutos de desesperación y pasamos a la oficina de la lado.
La chica de la nueva oficina tenia cara de no saber muy bien que es lo que estaba haciendo metida en esa caseta ni en lo que estaba trabajando. Muy mona ella, pero debía ser su primer día... Bien!
Le pedimos un coche, miró unas tarifas con cara de no saber lo que ponía en ellas, llamó por teléfono a un lugar donde nadie le contestó, y al final se lanzó: doscientos veinte euros dijo (yo creo) al azar. Ok, contestamos.
Durante todo el tiempo que tardó en hacer el contrato temblé pensando que nos pasaríamos las vacaciones en aquel pueblo de mierda, mirando el trigo al atardecer y  visitando la única iglesia que se veía a lo lejos, pero hubo suerte, y la chica mona no sabia de leyes francesas ni prácticamente de nada. Mejor para nosotros por que en 20 minutos estábamos camino a nuestro primer destino.
Loiret está a unos 180 km de París y es un pueblo que básicamente no tiene nada, pero al que el TomTom nos llevó muy bien, y la casa resultó ser una pasada.
Nos enseñaron la habitación en la planta de arriba todo muy azul y con muchas mariposas de papel, además de un pequeño salón abuhardillado y un cuarto de baño. Casi una planta entera para nosotros.
Después el propietario nos acompañó al jardín.
Brian y Christiane eran los dueños de aquella casa tan chula y a mí me parecieron una pareja de hippies retirados, de los que tomaban ácido en los 60, pero seguramente eran cosas mías sin ningún fundamento.
Estaban cenando con otra pareja de viajeros hospedados allí y que venían de pasar unos días en España, así que sabían algo de castellano y por fin pude hablar con alguien. Nos preguntaron cual era nuestro itinerario y alguna cosa más que no recuerdo y nos fuimos a ver el pueblo.
Habíamos visto el indicador de un castillo allí mismo, pero después de andar y seguir las indicaciones del cartel no conseguimos llegar a ningún sitio, solo salir a un campo que me dio un poco de miedo, así que decidimos volver a casa y acostarnos pronto para estar descansados al día siguiente.

SEGUNDO DÍA

Dormimos bien. Por la noche hubo tormenta y fue bonito por que teníamos una pequeña ventana en el techo por donde se colaba la luz de los rayos.
Nos levantamos temprano y bajamos a desayunar al porche. Vimos la casa de día que era bastante laberíntica y con mi sentido de la orientación casi no llegamos. El hippie retirado nos tenia ya preparado el desayuno, con café, tostadas y unas magdalenas pequeñitas. Fue la primera vez que vimos en Francia esa variedad de confituras caseras que debe ser bastante común allí.
Nos despedimos de esta pareja que tan bien nos había tratado y salimos hacia Orleans, el primer destino que teníamos marcado y que estaba más o menos a unos 20 kilómetros de allí.
Orleans esta dominada por una enorme catedral gótica. Como era la primera que veíamos en el viaje nos llamó bastante la atención, también el que por los alrededores no hubiera nadie.
Estaba todo bastante vació y a mí desde el primer momento no me gustó. Por todos los lados cruzaban vías y en la plaza confluían todas en una red fea y peligrosa.
Los tranvías y yo no nos llevamos bien por que con mi despiste las posibilidades de ser atropellado son grandes. Me imaginé aplastado en una ciudad tan horrible y con tan poca gracia y empecé a mosquearme. Una cosa es ser aplastado en París y otra en esa ciudad que nadie  conoce y que tiene como único mérito ser la cuna de Juana de Arco.
Me acordé que no había llevado ningún cuaderno para escribir el diario de viaje, éste que ahora mismo transcribo, y le dije a Jorge que debíamos buscar uno urgentemente.
En esa ciudad no debe escribir nadie, de hecho creo que ya nadie escribe, pero allí menos porqué encontrar un cuaderno nos hizo recorrer medio pueblo con el riesgo que tiene ir atravesando vías.
Pasamos a un comercio y a Jorge se le antojó comprarme un cuaderno diseñado por Christian Lacroix y que costaba una pasta, pero yo me negué en banda, mira que para escribir estas cuatro tonterías no hace falta unas hojas tan sofisticadas.
Seguimos mirando, nos compramos un zumo de cereza y una bolsa de patatas en un Carrefour y al final encontramos un cuaderno chulo en una papelería, no mucho más barato, pero más grande.
Conseguido el primer objetivo nos dejamos llevar por una página web de unos viajeros que habían hecho este mismo viaje y recomendaban lo que teníamos que ver, así que decidimos seguir sus consejos. Indicaban como interesante visitar unos molinos de agua que hay a las afueras de Orleans. Viendo lo que había dentro, preferimos ver lo de fuera.
Nos desplazamos hasta allí.
Esperábamos ver los molinos de las fotos, dando vueltas con el agua del Loira, pero los únicos que dimos vueltas fuimos nosotros, porque terminamos en un camino cortado del que nos costó sacar el coche, y yo empece a enfadarme. Habíamos hecho este viaje para ver castillos y llevábamos medio día perdido sin ver nada interesante. Me monté en el coche y le dije a Jorge, vamos a ver algo que merezca la pena de una vez, y él como es tan bueno buscó en el GPS y me indicó el camino hasta el castillo de Chambord.
Chambord es un enorme castillo que impresiona nada más acercarse a él. Según llegamos por la carretera vimos las enormes torres en punta y un campo inmenso rodeándolo. Al fin veíamos algo que realmente era lo que esperábamos.
Aparcamos el coche y fuimos a visitarlo por dentro. Alrededor varios puestos de comida vendían bocadillos y bebida. Teníamos hambre pero preferimos posponer la comida para después de la visita.
Es muy difícil describir la sensación de ese y todos los lugares que visitamos, pero si las conclusiones que sacamos de cada uno. En el caso de Chambord básicamente es que los reyes y nobles de aquella época eran una panda de "flipaos" a los que se les metía en la cabeza construirse un palacio y hacían lo que fuera para tenerlo, aunque no les sirviera para nada. El rey que mando construir este, Francisco I, apenas pasó allí 72 días  de sus 32 años de reinado.
Vaya capricho caro y tonto que tuvo este hombre...
Al salir volvimos a mirar los puestos de comida, caros y malos.Vimos una avispa posada en un bocadillo y eso nos hizo decantarnos por irnos a comer a otro sitio.
Salimos de allí y paramos en el primer pueblo que vimos. Encontramos una tienda con aspecto de charcutería pero que vendían cosas raras. A Jorge le encantó, más que nada por que vio que tenían chicharrones, un producto muy de los 80, así que se pidió un bocadillo de eso y yo de otra cosa indescriptible pero que parecía guisado de cerdo machacado y mezclado con manteca. La señora nos dijo que era un producto de allí.
Buscamos un parque y encontramos uno muy bonito con un merendero para sentarnos. El bocadillo que había pedido yo estaba bueno pero me empachó un poco así que me dejé un trozo para más tarde. Tomamos café en una cafetería del pueblo y continuamos al siguiente sitio.
Cheverny resultó ser totalmente distinto al anterior, mucho más palacio y menos castillo. Como es natural a mí me pareció cara la entrada, pero por suerte a Jorge no, así que entramos y fue uno de los que más nos gustaron del viaje.
Cheverny es mucho más sofisticado y elegante. Te dejan visitar bastante de su interior, perfectamente amueblado y muy bien cuidado. Un palacio en toda regla.
Esta "casa" pertenece a la misma familia desde hace más de 6 siglos, es decir es una casa particular. Por allí hay fotos de las bodas de varios hijos de los propietarios así como de otros eventos familiares en los jardines.
La conclusión es obvia: Hay por el mundo gente asquerósamente rica...
Después de visitar el interior paseamos por los jardines y nos metimos en el laberinto.
Empezábamos a notar el cansancio del día, así que decidimos irnos ya hacia la siguiente casa cerca de Tours. De camino paramos en un pueblo bastante chulo, Blois,  donde apenas visitamos nada pero que nos tomamos una caña casi al atardecer.
La habitación donde nos quedaríamos las dos noches siguientes estaba bastante bien, algo escondida pero muy bonita, con corazones por todos los sitios y pintada en morado. La propietaria no hablaba bien ingles pero se esforzaba por entendernos. Nos dimos una ducha al llegar y salimos a Tours a cenar.
Yo tenia empeño por comerme una hamburguesa, y lo hicimos en una terraza de allí.
Sobre la 1 de la madrugada nos acostamos.

domingo, 4 de agosto de 2013

Region del Loira II


Decidimos levantarnos algo más pronto que el día anterior. En el jardín nos tenían preparado el desayuno, otra vez confituras variadas, brioche y pequeños bollitos. Desayunamos fuerte y nos encaminamos hacia el primer destino del día, el castillo de Chenonceau.
Al llegar allí vimos que había bastante gente ya que es uno de los castillos mas populares, además de ser uno de los que más nos gusto a nosotros.
Nuevamente intenté colarme con un grupo de japoneses que estaban entrando por otro lado pero no pude, así que pagamos los once euros de la entrada.
El castillo-palacio esta rodeado de un inmenso jardín y construido sobre el río, que pasa por debajo y lo atraviesa.
Nos llamó la atención de él, aparte de lo impresionante que es, la historia que tiene. Este castillo, propiedad de la corona, fue construido y regido por mujeres "protegidas del rey".
Al visitarlo te van contando la historia donde resulta que la más "protegida" dirigía medio castillo, el otro medio lo hacía la reina, esposa oficial del rey, y no contento con esto, hay cuadros  y habitaciones de tres hermanas de la corte que parece ser que eran  las "favoritas" del rey. En definitiva, que el rey era un putero que se ventilaba a media corte ante los ojos de la reina, que a la muerte de este, cayó en una depresión profunda y se hizo construir una habitación que pintó de negro y donde se encerró hasta su muerte...
Aparte de todo eso, hay que reconocer que es un lugar increíble con unos jardines enormes donde se nos fue casi toda la mañana.
Aunque en el camino de ida y de vuelta al castillo fuimos buscando supermercados donde comprar comida, como era domingo no vimos nada, así que desde Chenonceau, nos fuimos directamente a Amboise.
Amboise es una población típica de tejados negros en punta y mucho más comercial que otras. Dejamos el coche en una plaza y fuimos andando al centro, justo debajo del castillo.
La comida era más económica que en otros sitios, supongo que por que había mas donde escoger, así que después de  mirar varios nos decantamos por un buffet chino que estaba bien de precio. Comimos tranquilos en la terraza esperando que pasara el calor, después tomamos café en una cafetería muy pija que había cerca y de allí subimos al castillo.
En este no intenté colarme porque me pareció prácticamente imposible hacerlo. En realidad era imposible en todos, pero yo quería colarme en alguno.
Lo más impresionante del lugar eran las vistas sobre la ciudad y la tumba de Leonardo Da vinci. Lo recorrimos por dentro antes de salir a los jardines. Como es bastante grande se nos fue mucho tiempo.
Cerca de allí esta la casa de Leonardo donde fuimos cuando salimos del castillo, pero la entrada (18€ ) nos pareció excesiva, así que pasamos de entrar.
Otra vez empezábamos a estar cansados de todo el día, así que pensamos en hacer algo tranquilos. Cogimos el coche y nos fuimos a Loches, una ciudad medieval cercana donde, como no, había otro castillo.
Intente camelarme al vendedor de entradas ya que quedaba muy poco para que cerraran. Era un chico joven con pinta de gay que pensé que sonriéndole y siendo amable nos dejaría pasar, pero tampoco coló, así que lo vimos por fuera.
La verdad es que estábamos ya cansados de ver castillos, pueblos medievales y franceses que no nos dejaban colarnos en ningún sitio, así que nos sentamos en una terraza y nos tomamos una cerveza enorme que no fue demasiado cara para lo que cobran allí.
La siguiente misión antes de llegar a la habitación fue buscar algo de comida.
Parece ser que en Francia no existen los bares normales donde comprar un bocadillo de tortilla o tomar una ración de bravas, así que después de dar mil vueltas con el coche encontramos una gasolinera donde compramos sándwich y algo de beber.
Cenamos en la habitación, planificamos el siguiente dia y nos echamos a dormir.

sábado, 3 de agosto de 2013

Region del Loira III

Esa noche dormimos con algo de frío. La casa estaba en medio de la nada y por las noches empezaba a refrescar. Yo me levanté con los pies fatal de las zapatillas que llevaba y decidimos que lo primero que debíamos hacer era ir a un centro comercial a comprar comida para el día y calzado adecuado.
El bolso de Jorge estaba más destrozado que mis pies así cogimos el coche después de desayunar y nos fuimos a buscar un centro comercial.
En Francia se hacen cosas raras, como plantar un espacio con todo tipo de comercios en medio de un campo...  a nosotros nos vino bien.
En una especie de Decathlon encontré unas chanclas de cinco euros que me compré y que antes de salir de allí empezaron a rozarme. Fuimos a por comida y compramos cosas que nos parecieron francesas: latas de caballa a la mostaza, foua de pato (3 botes) y otras variaciones gastronómicas.
Nos encaminamos hacia el castillo de Villandry, otro sitio espectacular.
Nos llamó especialmente la atención por los jardines a lo Versalles y la decoración interior, todo muy recargado como a mí me gusta. Es un palacio privado y al uso de sus dueños. Me imaginé lo que supondría vivir en una casa tan grande y lo difícil que debía resultar calentarla o ir a por agua a media noche, cruzando pasillos larguísimos y salones entelados con cuadros de señoras antiguas: Muy bonito pero muy incomodo.
Después de verlo por dentro paseamos por los jardines. Empezaban a formarse nubes negras e intuimos que iba a llover pronto. Terminamos de ver aquel sitio tan chulo y nos montamos en el coche para visitar el siguiente.
Me hacía especial ilusión ver el castillo de Ussé, por que dicen que allí se inspiró el autor de la bella durmiente. Fuimos con lluvia todo el camino. Cuando llegamos allí seguía lloviendo así que tomamos un café en un bar cercano para ver si escampaba. Cuando pudimos acercarnos a la taquilla vimos que costaba 14€
entrar y me pareció excesivo. Jorge insistió en entrar pero entre todo lo que llevábamos visto y lo caro que me pareció al final decidimos verlo solo por fuera. Al final resulta que por dentro son todos similares, así que mejor visitar otro.
Comimos en el coche un bocadillo de las delicias francesas del supermercado y bebimos un concentrado de naranja que Jorge había comprado y que estaba malísimo por que había que diluirlo en agua y lo estábamos bebiendo tal cual. 
Cuando terminamos nos encaminamos hacia el castillo de Azay Le Rideau. Aun estaba lloviendo pero bastante menos. El precio era más asequible y nos pareció igual de interesante que el anterior. Por dentro apenas había nada, pero por fuera y los alrededores merecían la pena. No tardamos demasiado en verlo, nos estábamos acostumbrando a todas estas construcciones enormes, así que nuevamente cogimos el coche y nos fuimos a Chinon, un pueblo destacable por el ascensor que te baja al centro y un castillo medio en ruinas que decidimos no ver. 
Angers, la ciudad escogida para pasar la noche estaba algo alejada, así que pensamos que debíamos ir para allá antes de que se hiciera más tarde.
Jorge había reservado en la misma ciudad una habitación en una  casa, pero cuando llegamos allí todo parecía como cerrado desde hacia tiempo. Llamamos varias veces al timbre y rodeamos la casa, pero nadie nos abrió. Llamamos por teléfono pero nada. 
Tampoco es que insistiéramos mucho, apenas diez minutos, pero como no había nadie allí cogimos el teléfono y buscamos alojamiento para esa noche. Jorge quería un Ibis, yo me inclinaba por uno de esos hoteles rancios que tanto me gustan. 
Llevaba todo el viaje diciéndole a Jorge que aunque no supiera hablar ingles podía entenderme con cualquiera, así que decidió dejarme actuar por fin. Primero fuimos a uno donde un señor negro me apuntó en un papel que la noche costaba 69€; no me convenció demasiado y busqué otro más.
El Hotel Du Mail me pareció lo suficientemente rancio como para quedarnos allí, tenia fotos de una entrada muy bonita y unas habitaciones con mucha moqueta y mucho brocado, como a mi me gusta, además la señora que me atendió por teléfono no tenia ni idea de español ni de ingles pero era muy amable. Fuimos hacia allá, aparcamos el coche en el patio y el matrimonio que regenta el hotel salió a recibirnos. Eran super amables y se empeñaban en hablar con nosotros, aunque era muy complicado por que no nos entendíamos nada. Sonreían todo el rato y nos enseñaron una foto de los jugadores de Barça (¿?). Nos dijeron que dejar el coche dentro eran 6 € y le dije que mejor lo sacaba, entonces el señor nos contestó que en ese caso podíamos dejarlo gratis. Todo era muy divertido, al fin nos dieron la llave y subimos a la habitación que más fea  y mas pequeña no podía ser.
Creo que nos debieron dar la peor de todo el hotel, pero era tarde para buscar otra o protestar y ya había poco que hacer, así que nos duchamos, comimos algo de la bolsa de comida que llevábamos a todas partes y nos echamos a dormir.

viernes, 2 de agosto de 2013

Del Loira a Bretaña

Nada más levantarnos y pagar el hotel, lo primero que hicimos fue ir a buscar un sitio donde desayunar. Definitivamentre en Francia son muy raros. Allí el concepto desayuno va unido a 8 o 10€ por que te tienes que tomar si o si un zumo o algo salado o yo que sé qué para cobrar ese dineral.
Yo quiero un cafe, simplemente.. y un bollito a ser posible.
Dejamos el coche aparcado al lado de un parque y buscamos una cafetería. Habíamos aprendido a decir "petit dejeuner" que es desayuno en español, así qué entramos en un bar y lo pedimos, pero el gabacho nos miró con cara de asombro y nos indicó que dos calles más abajo había un sitio donde nos darían de desayunar.
Jorge decía que era uno y yo que era otro, el caso es que al final entramos en uno muy feo, pintado de amarillo y con un niño gordito que jugaba por alli. Yo tengo tendencia a los sitios feos y decrépitos, siempre pienso que es donde al final mejor se está. Desayuno no tenían pero sí ganas de agradar.
Pedimos dos cafés y un croassant y ocurrió que mientras el hombre nos preparó el café, la mujer cogió el bolso y se fue a la pasteleria de al lado a comprar los bollos con el niño gordo. Era todo un poco raro:  yo le pedí al hombre leche fria y él me dejó el tetrabrick encima de la mesa mientras me sonreía todo el rato. Para mí que no me estaba entendiendo nada. El niño gordito no quitaba ojo de los bollos que había traido la madre para nosotros. No entendiamos nada, pero al final el desayuno  no salió demasiado caro..
Cuando terminamos nos fuimos a ver la ciudad. Por el camino vimos a un señor negro que vendía bolsos parece que la suerte nos acompañaba. Le preguntamos por un par de ellos que a mí me parecieron  parecieron bien pero a Jorge caros, los papeles se estaban invirtiendo. Al final le regateamos un poco y nos vendió uno algo más barato.
Tan contentos, cambiamos la cámara y las carteras al bolso nuevo y tiramos en una papelera el anterior.
Jorge ya no parecía un mendigo.
Comenzamos a visitar a Angers que a mí me parecio la ciudad menos interesante del mundo. Calles normales, alguna que otra casa o iglesia un poco interesante, pero en general sin interés ninguno. Vaya rollo de pueblo, pensé.
Vimos un árbol en una plaza con una placa que ponía que se lo trajeron de Alemania. No sé para qué.
Nos dirigimos al castillo.
Yo no quería entrar por que desde fuera se veía que era una ruina y le dije a Jorge que no merecía la pena gastar 11 euros más en esas cuatro piedra, pero él estaba empeñado, asi que me revelé y dije que no, que de ninguna manera.
No me hizo caso y compró las entradas. Me enfadé. De repente me di cuenta que me molaba enfadarme con Jorge, era una experiencia nueva aunque me dio igual, por que aunque me puse serio él no me hizo caso, asi que a los cinco minutos me desenfadé para ver aquel castillo que no recomiendo a nadie por que es feísimo.
El caso es que visitar estas ruinas nos hizo darnos cuenta que estabamos hartos de castillos y que debiamos cambiar ya al siguiente sitio. Salimos hacia Bretaña,teniamos unos 200 km por delante.

Hicimos más o menos la mitad del camino sin parar y sobre las 2,30 nos desviamos a comer en un pueblo pintoresco que indicaban desde la carretera, Chatoguiñon.
Era bonito y estaba lleno de gatos. Buscamos un parque o algún lugar donde poder sentarnos a comer.
Dejándonos guiar por la intuición que hasta la fecha nos había ido muy bien, llegamos hasta un parque enorme, con un gran lago enmedio. El sitio perfecto donde comer. De hecho toda la gente que había alli era perfecta, como si todo fuera de mentira,: niños rubios con niñas sonrientes y guapisimas. Señores mayores pero ágiles paseando, matrimonios perfectos agarrados del brazo. Se nos ocurrió pensar que tal vez estabamos en Stepford, el pueblo de la pelicula "Mujeres perfectas" y que quizá todos fueran robots.
Comimos rápido por si acaso y nos fuimos de prisa de alli. Vimos el pueblo y cogimos el coche de nuevo para llegar hasta Rennes.
Nada más llegar y aparcar el coche encontramos un sitio que hacían unos cafes maravillosos. Habia una carta entera llena de variedades y nos pedimos un frappe con mucha nata que estaba buenisismo y debía engordar muchisimo.. ya total....
En la calle principal compramos un montón de chocolate en una tienda que daban ganas de comérsela entera. Era como unos frutos secos pero solo de chocolate. Una tentación irresistible.
El pueblo estaba bien pero teníamos ganas de llegar a Sant Michell por que de todo el viaje era el sitio que más ganas teníamos de ver.
Hicimos los kilómetros que faltaban hasta la nueva casa, donde nos quedariamos dos dias.
El sitio era de los más extrano, apartado de todo. Ni pueblo ni nada alrededor. Alli solo estaba una mujer y varios perros. Teniamos toda la planta de arriba para nosotros, y aunque de todas las casas era sin duda la peor, nos gusto la independencia que teniamos allí.
Dejamos todo y nos fuimos a Sant Michell que estaba a poco más de 10 Km.
Aparcamos el coche demasiado lejos del monte, como a cinco km pero como yo soy un buitre decidí recorrerlos andando para no gastar en autobús (que luego resulto ser gratis).
Según nos acercabamos al lugar mas impresionados estabamos. Creo que no había visto nunca nada tan espèctacular o más bien tan mágico como aquello.
Atravesamos los muros y comenzamos a subir por las calles de aquel pueblo que parecía de otro tiempo. Estaba todo tan bien conservado que no parecia real, Las tiendas, las casas, las calles, todo era espectacular.
Visitar el monasterio de noche fue un acierto, por que lo tienen muy bien montado. Había músicos tocando en las salas principales y está perfectamente ambientado, con luz tenue y silencio. Realmente te transporta al silencio de las abadias medievales.
Salimos de allí fascinados, pero demasiado tarde. Eran casi las doce de la noche y hacía mucho frio. Cogimos el autobus hasta el coche y de allí a la casa del terror donde pasaríamos la noche.

jueves, 1 de agosto de 2013

Bretaña I

No dormí mal del todo, aunque esas almohadas tipo compresa ultra fina me dejan el cuello fatal. Bajamos a desayunar al salón de la casa, muy de los 60, con un estilo (por llamarlo de alguna manera) indescriptible: mucho adorno de porcelana y mucho pañito de ganchillo... En fin, el desayuno que es lo que nos interesaba estuvo bastante bien; muy abundante y muy rural.
Cogimos el coche y nos fuimos St Maló, estaba nublado y hacía un poquito de frío. Los días grises son agradables pero todo tiene otro color diferente, así que la ciudad no terminó de engancharnos. Nuevamente nos pareció una ciudad medieval de mentira, como prefabricada. Lo cierto es que parece ser que esta enteramente reconstruida y lo mejor son las vistas que hay desde la muralla la mar.Por lo demás no mucho mas que añadir.
La visitamos como de puntillas, hicimos mil fotos y decidimos irnos de allí al siguiente destino. No terminaba de engancharnos el sitio y preferíamos cambiar un poco de paisaje.
Cogimos el coche nuevamente y fuimos casi sin rumbo a conocer un poco mas la bretaña Francesa, prácticamente a la aventura y llegamos a Saint Brieuc un pueblo que no nos gusto nada. Solo habia gente rara y muy pocas cosas para ver. No sé si empezábamos a estar cansados de turismo o es que realmente no estábamos acertando con el viaje.
Nos compramos comida en un supermercado y nos la zampamos como dos mendigos en un banco junto a la carretera, allí ya no aguantábamos más, pero antes de salir pasamos por la oficina de turismo del pueblo a ver si había algo en la zona interesante para ver... Y fue un acierto.
Salimos de allí hacia Hillion, una reserva natural, pero sin saber muy bien la maravilla que íbamos a ver.
El paisaje sobre los acantilados ya nos sorprendió, pero lo mejor es que era el mar sin agua de la bahía de Saint-Brieuc. Nunca había visto lo que sería el fondo del mar si este se vaciara y ahí teníamos la oportunidad. Había embarcaciones encalladas, algas, piedras enmohecidas... Nos pareció una maravilla y un gran acierto visitar eso. Como es natural nos hicimos un montón de fotos en las barcas que estaban allí ante la mirada de algún que otro vecino autóctono de la zona que no entendía tanto posado.
Cuando ya estaba todo visto, y aprovechando las ultimas horas de luz, fuimos al faro desde donde tuvimos una visión
espectacular del mar.

miércoles, 31 de julio de 2013

Normandia

Desayunamos bien en casa de la señora antigua que escribía cartas con pluma de ganso y como somos unos cutres y empezábamos a emparanoiarnos del gasto tan grande que estábamos teniendo, nos quedamos con el pan de las tostadas para más tarde hacernos unos bocadillos y comer.
Nos dirigimos hacia Bayoux, ciudad emblemática por la batalla de Normandia. Hacía un buen día, bastante soleado.
Bayoux es una ciudad pequeña pero bien cuidada y con una catedral que nos pareció mas bonita que ninguna otra. Comentamos como era posible que después de ver tantas cosas aun siguieran sorprendiéndonos estas construcciones.
Nos paramos en una cafetería que olía mucho a naranjas y tomamos un café con espuma de leche que estaba buenísimo. Definitivamente me tengo que plantear mi adicción al café...
Las playas de desembarco están a unos 20 kilómetros de Bayeaux y básicamente es un cementerio gigante, geométrico y muy verde. Leímos la historia del lugar, que aunque debíamos saberla porque es algo como muy de la EGB, apenas recordábamos nada.
Este lugar es un cementerio memorial que honra a los soldados estadounidenses muertos en la segunda Guerra mundial, esta justo encima de la playa de Omaha. Es enorme, según leímos cubre unas 70 hectáreas y la bandera americana ondea sobre todas ellas.
Lo cierto es que a mí los cementerios me gustan bastante, pero los que tiene algo artístico. Este no es nada artístico, es lineal y parece un jardín, pero el silencio y el respeto que se ve entre los que lo estábamos visitando me pareció sobrecogedor. Caminamos entre las tumbas leyendo algunas inscripciones y nos pusimos místicos hablando de como por un ideal político puede morir tanta gente. En fin , lo daba el lugar...
Cuando nos cansamos de ver cruces y lápidas, pensamos en partir hacia Caen. Como estábamos pobres, paramos a comer en un merendero muy bonito pero que estaba junto a la autovía. Sacamos las latas de pescado que aun nos quedaban y el pan de la señora antigua y nos comimos un enorme bocadillo sentados en un banco de madera. El resto de la tarde estuvimos oliendo a sardina en aceite.
En Caen aparcamos cerca de la plaza principal. Lo primero que vimos fue un edificio muy grande y lleno de banderas. Nuevamente intenté colarme y la verdad es que no sé si lo conseguí. Primero atravesé una puerta de cristal y luego otra haciéndome la sueca, y al final vimos toda la abadía. Supuestamente había que pagar, pero a mí me hace ilusión pensar que al menos una vez he conseguido colarme en algún sitio, algo que siempre intento y nunca consigo.
Vimos la abadía, con poco interés y nos fuimos a tomar café. Aquí el café es un lujo caro, pero la adicción nos puede. Dimos vueltas por el pueblo que en general carece de interés y seguimos hasta Ruan.
El hotel  lo teníamos reservado, así que dejamos las cosas y nos fuimos a dar una vuelta y en general nos encanto, aunque algunas construcciones modernas afean ligeramente el conjunto. Tiene un casco histórico muy bonito repleto de casitas de madera pintadas, un montón de bares donde apetece sentarse, terrazas carismas y restaurantes. Nos hicimos otras 500 fotos y sobre las 9 nos fuimos a cenar a un restaurante que nos había recomendado una amiga de Jorge.
El sitio era muy chulo y el dueño nos recibió amablemente por que era amigo de la amiga de Jorge.
Decidimos arriesgarnos con la carta y pedir algo típico o que nos recomendara el chef-dueño. Al final nos decantamos por oso buco, una morcilla extraña hecha con mollejas que nos pareció bastante buena junto con una ensalada de queso y piña. Todo buenísimo. Cada día me gusta mas comer, lo reconozco.
En la mesa de al lado había una pareja de feos super enamorados y no podíamos dejar de mirarlos. En un momento de descuido conseguimos fotografiarlos incluso.
Comimos tanto y tan bien que la camisa ya no me cerraba y a Jorge le entró la risa de verme tan gordo. En general entre tanto bocadillo y tanto bollo nos estábamos poniendo ceporretes los dos.
Pasamos, quizá, la mejor velada de las vacaciones.
Al acabar, Cristofer nos invitó a un par de copas en su bar, un sitio que por casualidad estaba muy cerca del hotel, así que fuimos para allá. El sitio era un poco cuadro pero había un par de cestas en la barra llenas de preservativos, así que aprovechamos para llenarnos los bolsillos, nos bebimos dos Gintonic y nos fuimos al hotel haciendo eses por la calle. Antes de llegar pasamos por delante de la catedral donde estaban proyectando un espectáculo de luces y música sobre la catedral que nos pareció una pasada.

domingo, 28 de julio de 2013

de Normandía a París

Empezábamos a estar cansados de ver cosas, madrugar y pasar el día por la calle, así que cada vez nos quedábamos hasta más tarde en la cama.
Desayunamos en la habitación del hotel un brioche que compramos días atrás y que estaba extraplano de viajar por media Francia; pero nosotros no somos de tirar nada y menos comida.
Volvimos a la calle a ver los mismos lugares que habíamos visto el día anterior y la catedral por dentro y volvimos a sentarnos en una cafetería - pastelería que como todas en este pueblo parecía de cuento.
Todo estaba perfectamente colocado, como una casita de muñecas, y daban ganas de probar cada uno de los pasteles del mostrador.
Jorge pidió un café con nata y canela y yo uno normal.
Hacía algo de frió fuera, así que lo alargamos durante bastante tiempo y después nos fuimos a ver un lugar extraño que resultó ser un cementerio de la peste. Allí te cuentan datos tan guays como que en tiempos de la peste, esta enfermedad mato a dos terceras partes de la población de Roen. Todo era como negro o chamuscado. Un sitio raro, que aunque no estaba mal tampoco decía mucho. Realmente estábamos ya saturados de catedrales, pueblos y lugares extraños, así que tomamos la decisión de irnos a París con la tristeza de saber que esta era la ultima etapa del viaje.
De camino paramos a comprar comida en un pequeño pueblo y nos la tragamos sentados frente a un campo de fútbol. No disponíamos de demasiado tiempo por que a las 5 de la tarde había que devolver en el coche en el aeropuerto de Bouveaus, no obstante llegamos a la hora prevista y con tiempo suficiente para coger un autobús a París. Hay casi 80 km de distancia, así que aprovechamos para dormir un rato.
Cuando llegamos a París me di cuenta de lo que pesaba la bolsa de viaje que llevaba a la espalda y me prometí no viajar más con ella y comprar una maleta con ruedines como todo el mundo.
El Hotel Ibis que habíamos reservado estaba bastante bien, limpio y suficientemente espacioso.
Jorge fue a por algo de cena y yo me quede descansando en la habitación. Él es mas joven, así que...
Después de comer y descansar, como ya empezaba anochecer y no podíamos hacer demasiado turismo, pensamos en aprovechar que volvíamos a la civilización después de tanta ruralidad, y comenzamos a andar hacia el centro, buscando algún bar de ambiente que estuviera bien en el barrio de Marais.
Siempre que he ido a París me ha parecido una ciudad poco segura, peligrosa. Realmente no lo es más que Madrid, pero me parece más oscura, menos transitada y eso me da un poco de respeto.
Después de hacer un peregrinaje eterno pero interesante, conseguimos llegar al café Cox donde nos tomamos una cerveza enorme mientras observábamos el panorama del lugar. A Jorge no le gustan mucho los bares pero sé que estaba haciendo un pequeño esfuerzo por agradarme a mí. Me pareció aburrido y cuando acabamos la cerveza nos fuimos a tomar otra a un bar de osos que estaba a la vuelta de la esquina y que a mí me pareció como los bares de Torremolinos. Definitivamente, Jorge y yo allí no pintábamos nada así que iniciamos el peregrinaje de vuelta. Por el camino nos empezó a vacilar una borracha a la que no hicimos caso y no sé si por eso o por que no habíamos comida casi nada, a Jorge le entró hambre y se compro un bocadillo de pollo muy raro en un hindú. Yo no quise nada por que me emparanoie pensando que estaba muy gordo, así que le acompañé y nos fuimos tan ricamente a dormir al hotel.